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El próximo domingo, 1 de junio, tendremos reunión en “La La Tula”, situado en C/ Caño 2, en Galapagar.

En esta reunión volvemos a la Tía Tula, el bibliobar de Galalapagar. Si alguien viene desde Madrid que nos lo diga y nos coordinamos para el viaje.

Hace unos meses nuestro compañero de la STE Rafael Pascual, envió la siguiente reflexión a la lista de correo de la asociación:

Mi argumento principal es el siguiente: de haber sido fiel al pacto que establece con el lector de su obra, Tolkien nunca habría escrito el ensayo “Sobre los cuentos hadas”. Y, por tanto, creo que nunca debería haberlo hecho. Además, creo que “Sobre los cuentos de hadas” no sólo supone una ruptura de dicho pacto, sino que además pone al amante de la Tierra Media en una difícil e injusta situación.

El lector de El Señor de los Anillos establece un pacto con Tolkien que conocemos muy bien: que la Tierra Media fue un período verdadero de nuestra historia. Forma parte del pacto el ver a Tolkien como un mero transmisor, un eslabón más en esa cadena de transmisión textual que se origina en el Libro Rojo de la Frontera del Oeste. ¡Y qué maravilloso pacto! Tolkien vertió todas sus energías en satisfacer los requisitos que conllevaba. Muy bien sabemos cuánto esfuerzo invirtió en conseguir la coherencia interna que otorga a la Tierra Media su activo más valioso: su credibilidad. En base a mi experiencia como lector de El Señor de los Anillos, asumo (1) que lo que hace a una obra de fantasía funcionar es su credibilidad, y (2) que dicha credibilidad depende de la ausencia del autor. El autor debe renunciar a su autoría, en los términos expresados más arriba en este mismo párrafo, para que la fantasía viva (y creo que Tolkien lo hace en general maravillosamente bien).

En base a esas dos asunciones (que me parecen de hecho muy tolkienanas) veo paradójico que Tolkien escribiera “Sobre los cuentos de hadas”. E iría más allá: me parece una traición a su propio designio artístico. Si El Señor de los Anillos es leído desde la óptica que se ofrece en “Sobre los cuentos de hadas”, el elemento sobre el que se sustenta su credibilidad desaparece. El Señor de los Anillos muere—por vivisección. El libro deja de ser la traducción del relato sobre la caída de Sauron escrito en oestron por Bilba y Maura Labingi para pasar a ser una cuasi-perfecta materialización de la teoría de su autor. Y he ahí el problema: el autor. Frodo Bolsón deja de ser Maura Labingi y Smaug deja de ser Trâgu. Todos pasan a ser el producto del proceso sub-creador de Tolkien, y su veracidad queda ligada a la existencia de Dios (algo que no todos los amantes de la materia de la Tierra Media están dispuestos a aceptar). Creo que, en última instancia, “Sobre los cuentos de hadas” pone a los lectores de El Señor de los Anillos en una difícil situación: o asumes que las historias narradas son mentiras, o aceptas al Dios cristiano, de cuya existencia depende la veracidad de dichas historias. Dado que no es posible escribir “Sobre los cuentos de hadas” sin presentarse como el autor o sub-creador de las historias fantásticas, se produce una violación del pacto establecido con el lector. Hablando desde la honestidad, sólo puedo decir que me parece que “Sobre los cuentos de hadas” supone un perjuicio para los más genuinos lectores de El Señor de los Anillos: aquéllos que aman la Tierra Media, no por ser la obra de Tolkien, sino por ser la Tierra Media; aquéllos a los que les gusta Smaug no por lo que teóricamente representa, sino por lo que verdaderamente es.

Es bien conocido que Tolkien criticó al poeta de Beowulf por traicionar su propio designio artístico en la representación del dragón, haciéndolo demasiado simbólico. Pues bien, creo que Tolkien también traicionó el suyo propio al escribir “Sobre los cuentos de hadas”. Tolkien emerge de “Sobre los cuentos de hadas” como un autor de fantasía, como un sub-creador, y por tanto el encanto de la fantasía se esfuma, la Tierra Media pierde la independencia de la cual depende su credibilidad. Al firmarlo con su nombre, Tolkien liga inevitablemente su teoría a su obra, e imposibilita la lectura genuina de El Señor de los Anillos—a no ser que, por supuesto, “Sobre los cuentos de hadas” sea ignorado. ¿Pero podría decirse a alguien que sostiene que El Señor de los Anillos debe ser leído desde la teoría de Tolkien que se equivoca? Ardua tarea. Y sin embargo, creo que la postura más auténticamente tolkienana sería recomendar no leer “Sobre los cuentos de hadas” a aquellas personas cautivadas por la Tierra Media. Creo que la cuestión puede plantearse en estos términos: al escribir este ensayo, Tolkien sucumbió a la tentación sarumaniana. Quebró la fantasía al intentar mostrar su funcionamiento, abandonando así el camino de la sabiduría. Tolkien pasó de ser el transmisor de la Tierra Media a ser el científico de la fantasía.

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En la reunión analizaremos esto y debatiremos si efectivamente Tolkien, en coherencia con su propio juego literario, debería no haber escrito “Sobre los cuentos de hadas” o si precisamente este ensayo nos da la clave de la importancia que daba Tolkien a esta temática y de como debe interpretarse su obra.

Nos vemos en “La Tía Tula” a las 12:00.